Cómo funciona

Anatomía de un puntaje: cómo se mide de verdad la salud de una batería

Un solo número del BMS puede engañar. Abrimos el capó del SOHpro Score y mostramos las seis señales —y la electroquímica detrás de cada una— que hay que cruzar para saber si una batería está realmente sana.

Por Alonso Aguilar · Founder & CEO3 de junio de 2026Lectura · 11 min

Anatomía de un puntaje: cómo se mide de verdad la salud de una batería

Es tentador pensar que la salud de una batería es un solo número. Le preguntás al auto "¿cómo estás?", el cerebro de la batería —el BMS— responde "estoy al 92%", y listo. Caso cerrado.

El problema es que ese 92% es la opinión del propio paciente, y un BMS estima la capacidad con sus propios modelos internos, que pueden derivar con los años. A veces es exacta. A veces es optimista. Y a veces esconde un detalle que cambia todo: una celda débil entre cientos de celdas sanas, suficiente para arruinar el conjunto aunque el promedio se vea bien.

Por eso el SOHpro Score no se queda con una sola lectura. Cruza seis señales distintas, cada una con una raíz física concreta. Abramos el capó.

1. El SOH del BMS — el testigo principal (43%)

La capacidad que reporta el sistema de gestión de la batería es el punto de partida, y por eso pesa más que cualquier otra señal: el 43% del puntaje. Es la mejor estimación que tiene el auto de cuánta energía útil le queda frente a la de fábrica.

¿De dónde sale esa pérdida? Sobre todo de dos procesos. El primero es la pérdida de inventario de litio: el crecimiento de la capa SEI sobre el ánodo va atrapando litio que deja de circular, mecanismo que la literatura señala como dominante en el envejecimiento (Keil et al., 2016) —es el "reloj del calendario" que desarmamos en los dos relojes del envejecimiento. El segundo es la pérdida de material activo: con los ciclos, las partículas de los electrodos se agrietan por el estrés mecánico de hincharse y contraerse, y dejan de participar. El SOH del BMS es el resultado neto de ambos —pero es un testigo, no un juez. Igual que no firmarías la compra de una casa solo porque el dueño jura que el techo está bien, SOHpro toma esa declaración y la contrasta con las otras cinco señales.

2. La diferencia de voltaje entre celdas, el ΔV (22%)

Una batería de tracción no es un bloque: son cientos de celdas en serie trabajando en equipo. Y aquí aplica una ley física implacable: en una cadena en serie, la celda más débil limita a todo el conjunto, como el aro más bajo de un barril marca hasta dónde se puede llenar de agua. Es el "efecto del eslabón más débil", y es por eso que los packs llevan sistemas de balanceo (EL-CELL, explicación técnica).

Cuando las celdas están sanas y balanceadas, todas mantienen un voltaje casi idéntico. Cuando una empieza a divergir —por mayor autodescarga o por pérdida de capacidad— se separa del pelotón. Esa separación entre la celda más alta y la más baja, el ΔV, es uno de los indicadores más reconocidos de desbalance y de celdas que envejecen mal (Journal of Energy Storage, Elsevier), y un promedio de SOH bonito puede esconderlo por completo. Por eso pesa un 22%.

Cada barra es una celda en serie. El promedio se ve sano, pero una celda rezagada le pone techo a todo el pack —y un SOH "bonito" la esconde.

"El SOH te dice el promedio de la clase. El ΔV te dice si hay un alumno a punto de reprobar y jalar a todos. Sin esa segunda señal, estás leyendo media historia." — Alonso Aguilar, Founder & CEO

3. La velocidad de degradación (20%)

Saber que una batería está al 85% es útil. Saber qué tan rápido llegó ahí es oro. No es lo mismo un auto que perdió 15% en cinco años que uno que lo perdió en uno.

Y hay una razón profunda para vigilar la velocidad: no todas las baterías recorren su larga meseta al mismo ritmo. Una que de pronto se degrada más rápido de lo que venía haciéndolo está avisando que algo —el calor, la carga rápida intensiva o un defecto, los grandes culpables en la región— la está estresando, mucho antes de que el número de hoy lo delate. (Cómo pesan esos factores en LATAM, en trópico, montaña y carga rápida.) Cuando hay al menos dos escaneos del mismo VIN separados en el tiempo, SOHpro calcula la pendiente real: cuánta salud se pierde por cada mil kilómetros. Esa tendencia pesa un 20% y es la única señal que no se puede fingir con un buen día de medición —necesita historia. Es, también, la razón por la que el pasaporte de tu eléctrico gana valor con cada visita.

4. La eficiencia energética (5%)

Cuando una batería se carga y se descarga, no toda la energía que entra vuelve a salir: una parte se pierde como calor por la resistencia interna. Comparar cuánta energía entró contra cuánta salió —la eficiencia de ida y vuelta— da una pista de cuán sana sigue la química. Una resistencia interna que sube con los años es señal de envejecimiento. Es una señal de chequeo cruzado: pesa poco (5%), pero ayuda a confirmar o poner en duda lo que dicen las demás.

5. La consistencia entre voltaje y carga, el OCV (5%)

Cada química de batería tiene una "firma": una relación predecible entre el voltaje en reposo de una celda y su nivel de carga. Esa curva se llama OCV (Open Circuit Voltage). Cuando el voltaje medido encaja con la firma esperada para esa química, todo está en orden; cuando no encaja, algo se está moviendo dentro de la celda.

Acá hay un matiz fascinante que SOHpro tiene en cuenta: no todas las químicas son iguales de legibles. Las baterías LFP (litio-ferrofosfato), muy comunes en los eléctricos chinos como el BYD Blade, tienen una curva OCV extremadamente plana en el rango medio de carga. Eso las hace más estables y seguras, pero también más difíciles de leer por voltaje —pequeños cambios de voltaje corresponden a grandes cambios de carga. Interpretar bien el OCV exige saber qué química se está mirando, no aplicar la misma vara a todas. (Por qué esa curva plana también cambia cómo conviene cargar una LFP, en cargar al 100%, ¿sí o no?.) Vale un 5%.

6. La uniformidad de temperatura (5%)

Una batería sana se calienta de forma pareja. Cuando un sensor marca varios grados por encima de los demás, suele señalar una zona estresada —un punto caliente. Y el calor no es inocente: acelera de forma exponencial las reacciones que envejecen la celda, así que un punto caliente envejece más rápido justo ahí, agravando el desbalance del que hablábamos en la señal #2. La diferencia entre el sensor más caliente y el más frío entra al puntaje con un 5%.

Por qué los pesos se reacomodan

Aquí hay un detalle que importa: no todos los escaneos traen las seis señales. Un diagnóstico rápido puede no incluir las temperaturas por celda, o ser el primer escaneo del auto y por lo tanto no tener historial para calcular degradación.

SOHpro no inventa los datos que faltan. En vez de eso, redistribuye los pesos entre las señales que sí están disponibles, y te dice con qué nivel de confianza calculó el puntaje. Además corre una batería de chequeos de integridad —que el conteo de celdas sea coherente, que las temperaturas estén en rango físico real, que no haya señales contradictorias— y marca lo que no cuadra. Es la diferencia entre un número que finge certeza y uno que es honesto sobre lo que sabe y lo que no.

"Preferimos decir 'esto lo calculamos con cuatro de seis señales' antes que pretender una exactitud que no tenemos. La confianza no se gana inflando el número; se gana mostrando cómo se hizo." — Alonso Aguilar

Del número a la calificación

Con las seis señales cruzadas, el SOHpro Score aterriza en una escala de 0 a 100. Pero un número suelto no le dice mucho a la mayoría de la gente, así que ese puntaje se traduce en una calificación por letra, de A+ a D —la misma lógica de un boletín escolar, fácil de leer de un vistazo.

De A+ a D: la misma escala que verás en tu reporte, con los colores reales del producto.

Las letras no son caprichosas; están ancladas a dos referencias honestas. Los cortes de abajo siguen las garantías: casi todas las marcas prometen al menos un 70% de salud a los 8 años o 160.000 km (norma federal de EE. UU., 40 CFR 86.1815-27), así que caer en la D significa que estás por debajo de lo que el propio fabricante se comprometió a cubrir. Los cortes de arriba siguen la realidad de la calle: según los datos de flota de Geotab, la enorme mayoría de los eléctricos sanos en sus primeros 100.000 km vive por encima de 88, de modo que la frontera entre A+, A y B+ es la que separa un "casi nuevo" de un "usado bien cuidado" —justo lo que mueve el precio de reventa, y lo que algún día mirará una aseguradora. Es un esquema mitad empírico, mitad práctico; no hay un paper que reclame estos números exactos, y lo decimos de frente.

Y acá conviene aclarar un malentendido común: la letra es una foto absoluta de la capacidad de hoy, no un veredicto sobre si tu auto envejeció bien. Un usado de mucho kilometraje que perdió, digamos, un 10% —pero lo hizo parejo y dentro de lo esperado— está perfectamente sano para su edad, aunque su letra quede por debajo de la de un auto nuevo. Que ese desgaste sea normal para su edad y kilometraje es justo lo que mide la señal #3, la velocidad de degradación. En otras palabras: la letra te dice dónde estás; la pendiente, si vas bien. Por eso saber tu pendiente importa tanto si tenés un eléctrico bajo garantía: buenas baterías, grandes garantías.

Detrás de esa simpleza hay un motor que cita la fuente de cada umbral —química por química— para que un técnico, un comprador o, algún día, una aseguradora pueda auditar de dónde salió cada conclusión. Un solo número puede engañar. Seis señales cruzadas que aterrizan en una letra clara, con la física de cada una a la vista, son mucho más difíciles de discutir. Esa es la anatomía de un puntaje en el que se puede confiar.


¿Curioso por ver el puntaje de un eléctrico real? Explorá un reporte de ejemplo y mirá las seis señales en acción.

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